Catalina la Grande

Catalina la Grande

En 1745 se celebró en San Petersburgo, la gran capital imperial rusa, una de las bodas más suntuosas de toda la historia. A decir de algunos investigadores, la más excéntrica, la más rica la más desprendida, la que mejor comida, mejor gastronomía sirvió a los comensales.

Escenarios fastuosos, momentos imprescindibles, el glamour de Europa entera se dio cita en San Petersburgo para ver cómo se casaban Catalina Anhalt-Zerbst una aritócrata prusiana, hermosísima, culta instruida y Pedro Petrovna, el gran príncipe heredero al trono de Rusia.

Todos sospechaban que aquello no iba a acabar bien. La diferencia de caracteres, la verdad es que los contrayentes eran antagonistas, eran diferentes en sus personalidades en su concepto de entender la vida, pero bueno, las necesidades de estado, los protocolos así exigieron que se uniesen estos dos personajes Catalina por un lado Pedro por otro.

Las sospechas de los muchos asistentes a aquel compromiso nupcial se fundamentaban bien y la verdad es que esas sospechas se hicieron ciertas nada más cruzar los anillos nada más darse el sí y durante ocho años los cónyuges no yacieron juntos, no completaron, no consumaron el matrimonio.

Catalina estaba desolada, había abrazado a su nuevo país a su país de adopción, las costumbres, las leyes, la asistencia pero Pedro permanecía indolente, acaso entregado a sus hobbies a sus particulares hobbies. Le gustaban mucho los juegos de estrategia, jugar con soldaditos de plomo, plantear dioramas donde los soldados se movían al antojo del príncipe. También le gustaban mucho las muñequitas.

Tenía una colección de muñecas, tenía un teatro de marionetas una jauría de perros muy aficionado a los canes y bueno pues a esto si sumamos que era también un hombre soez de esos a los que le gustaba divertirse a costa de los criados vertiéndoles vino en la vestimenta cuando éstos intentaban servirle el líquido en la copa y bueno pues los chistes verdes o siempre haciendo gestos abruptos aludiendo a su miembro viril como que siempre estaba en estado erecto. Bueno pues todo esto no satisfizo a la futura zarina y la verdad que esto lo dejó escrito en su diario personal: mi marido no me atiende no se ocupa de mí.

El hijo de Catalina II de Rusia

La tragedia en aquella Rusia zarista se fue gestando. En 1762 sí que ya habían compartido el hecho y había nacido un primogénito habló futuro Pablo I pero la cosa estaba muy distante de la situación eran más que tensa.

En ese año de 1762 Pablo vio orgulloso como su padre Pedro ocupaba el trono de Rusia bajo el nombre de Pedro III. Pero para ese tiempo para ese año la verdad es que Pedro III ya se había enajenado a diferentes estamentos sociales, el ejército por ejemplo en esa guerra estéril y absurda que se mantenía con Dinamarca o la iglesia porque Pedro III pretendía forma secreta pero muy visible a ojos de algunos instaurar el luteranismo en detrimento de la religión ortodoxa esto estaba muy mal visto por la iglesia oficial y por buena parte de la población por tanto la sociedad civil no recibió bien al nuevo zar.

El ejército mucho menos y la iglesia todavía peor. Fue momento propicio para que al fin las disensiones matrimoniales estallasen por todo lo alto y en los apartamentos privados de catalina se comenzó a perpetrar una conjura.

En dicha conspiración figuraban a buena parte de los elementos aristocrático rusos por ejemplo los hermanos Orlov, los cuatro hermanos Orlov entre ellos Gregory que era amante casi oficial de Catalina y todos se pusieron de acuerdo para derrocar alza al distraído zar Pedro III.

La que a la postre sería Catalina la Grande, en los días entre el 7 y el 9 de julio de 1762, en esos dos días de conspiración por bueno aprovechó para ir vestida a la usanza militar dando a entender entender que va a asumir el mando de la situación en Rusia y al fin el 9 de julio se puso al frente de cuatro regimientos de la guardia imperial que la aclamaron como la zalina, como la gran reina rusa y bueno pues con esos cuatro regimientos y con el apoyo con la aquiescencia necesaria de muy necesaria de la nobleza rusa se dio un golpe de estado.

Derrocamiento del marido de Catalina la Grande

El apabullado Pedro III cuando constató que su propia mujer iba al frente de la revuelta pues no tuvo por menos que dejarse apresar. Apenas hubo resistencia porque nadie se situó cerrando filas en torno al zar Pedro III en un documento atormentado solicitó cuatro cosas a su esposa asumió que ella estaba al frente de Rusia y le solicitó lo siguiente: querida Katherina te ruego respetes cuatro cosas para mí. La primera mi vida. La segunda mi perro. La tercera mi amante y la cuarta y más importante mi criado negro. Esas cuatro cosas solicitó a su mujer los propios os lo detuvieron al zar y le condujeron a un castillo al castillo the Rosap en donde quedó recluido a expensas de noticias a saber qué pasaría con ese futuro incierto

Muerte de Pedro III

No sabemos bien qué ocurrió pero lo cierto es que el 17 de julio de ese mismo año tan sólo 67 días después de su derrocamiento Pedro III apareció muerto en su celda. Según se dijo, la primera explicación oficial a cargo de la propia Katerina fue que su marido había fallecido víctima de un colapso, que había tenido una especie de pésima gestión y que eso había desembocado en un fallo multiorgánico.

Después se constató que el zar, el infortunado zar, había muerto apaleado. Su cuerpo apareció cubierto por los golpes, congestionado al máximo y su cara muy oscura. Dicen que los Orlov se sirvieron de la correa de un fusil para estrangularle.

De ese modo acabó el pobre, el pésimo Pedro III que apenas pudo reinar pero que la que sí reinó fue su mujer Catalina, Catalina la grande, una de las grandes gobernantes, una gran zarina para Rusia que dio de inmediato muestras de amor a su país reorganizó la situación.

Tuvo todos los amantes que quiso y desde luego mantuvo también un odio in crescendo contra su propio hijo Pablo quien nunca le perdonó la muerte de su progenitor.

En 1796 falleció Catalina la Grande y Pablo, convertido en zar, Pablo I, en una de sus primeras acciones ordenó que se exhumasen los restos de su padre para rendirles los honores que sin duda merecía su juicio.

De esa manera Pablo I dio muestras de amor a ese padre que pasó a la historia como un hombre débil, frágil entregado a los placeres mundanos pero que sin duda alguna no tenía culpa de su personalidad ni de la mujer tan fuerte que le había tocado en suerte. Así que su hijo Pablo al fin le pudo rendir el merecido homenaje.

Catalina la Grande con más profundidad

https://en.wikipedia.org/wiki/Catherine_the_Great